Una buena noticia, para variar. El padre Gregorio Alegría recibe el próximo jueves, en Madrid, el premio Cofares 2011 como reconocimiento a una vida dedicada a la cooperación.
Este navarro incombustible (valga la redundancia) aterrizó en el país hace más de treinta años, dedicando su primera etapa dominicana a trabajar en los bateyes en San José de los Llanos, para ser destinado después en los Mina, como párrocio de la iglesia San Vicente Paúl.
Y allá puede presentar una obra extraordinaria: un centro médico y una maternidad, una escuela infantil, un centro escolar con más de 2.500 alumnos, un comedor social que reparte 264.000 raciones de comida al año, una escuela de formación técnica de mujeres, un asilo de ancianos para acoger a los que viven en la calle y un dispensario.
Atento a todos los ángulos de la marginación, también se ha ocupado de que los niños del barrio tengan su documentación en orden, ha levantado un programa de apadrinamiento de comida y útiles escolares y otros de alfabetización de adultos.
Conoce cada callejón, esquina, madre, niño, desempleado, proyecto o desilusión de La Barquita y es el primero al que hay que acudir cuando el río crece.
Alegre, tenaz, incansable, pide, pide y pide, aquí y allá, en su tierra natal porque trabaja por tres y el dinero le rinde como a otros tres.
Es de esos sacerdotes que hacen de la vida de los más necesitados su propia vida. Que además son tan profundamente felices... hacen falta más.
IAizpun@diariolibre.com
De Diario Libre


















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